EL NÚMERO DE ORO
Salgo del silencio convirtiendo metales
cuyo origen no me fue permitido dar a conocer.
Avanzo hacia el sonido
pero me es negado el acceso al lugar donde moran
los cuerpos luminosos de los maestros del mundo.
Dudo que pueda conocerlos. Dudo que se dejen ver.
No quiero dudar que existan.
Cuando me encuentro con mi Culpa
caminando a la par en el barrio de la penitencia
nos saludamos como viejas conocidas.
Dejé de ser "somos" hace tiempo.
No acusar. No juzgar. Mea culpa.
Ahí siguen los chicos de navaja
buscando tripa que cae de los camiones
para comer este día.
Mi Culpa me los señala otra vez, otra vez y otra.
Me abro el pecho ¡ coman de aquí !
pero ella sigue señalando.
Basta. Yo no fui. Yo no estaba ahí cuando se hizo.
Por encima del universo manifiesto,
deslizo mi paseo
de pies descalzos y alma sin pecado
enciendo sahumerios, escucho a Mozart
y sin sufrir los vaivenes del péndulo
sorda a mi Culpa
trato de ser feliz de todos modos
y de alcanzar mi cifra de oro
mientras ella me sigue viendo...
miércoles, 28 de octubre de 2009
viernes, 16 de octubre de 2009
NOCTURNO REGRESO DEL SONIDO
NOCTURNO REGRESO DEL SONIDO
Comienzan a llegar cardúmenes de ideas
detonadas bajo dura presión
aún descontrolado el disparo de mi mente.
Llegan pistas en sepia, como daguerrotipos antiguos.
La inteligencia desactivada al borde de la quiebra,
comienza a enviar señales
sistema de señales luminosas aún en crisis energética
aún software atacado de virus
como la luz de una vela débilmente defendida
estremeciéndose al soplo de una idea
Quiere resucitar quiere volver
esa inteligencia desactivada al borde de la quiebra,
y con timidez asoma
vigía sin escoltas, desconfiada acústica
una voz semielaborada
corriente subterránea, pendular,
sonido under ground que busca la luz
y encuentra el blanco en mi conciencia sorda hasta ahora:
¡Puedo escuchar! Oigo abierta otra vez.
Mi mente genera apresurados anticuerpos para defender
esos sueños letárgicos, paramnesia,
recuerdos inventados que sirvan al efecto.
Pienso y encuentro por fin una Palabra.
y si no la encuentro la creo... y ya no la olvido.
La campana que vivía sin sonido
reproduce y recuerda la música escuchada
Asíntota en el cosmos
creí que nunca volvería a encontrar La Palabra Perdida.
No obstante:
Por qué, me pregunto, llega sigilosa, apenas insinuada,
tan oscura, nocturna, lunar.
Por qué me niega su fluir antiguo, su voz en mi mano,
porqué bajo sugestión de no presencia está pero se esconde...
Ayer cerró con candado la prisión de la célula madre
y tiró la llave al precipicio, esta loca Palabra Lunar.
Es que ella sí sabe aquello que no le he manifestado:
Había yo aprendido a desconfiarle como a cuchillos desnudos
como a juegos ocultos,
de artificio, de manos, de villanos.
Cuando por fin desde un tiempo profano vuelvo a creer en Ella
descubro que su escencia volátil y mutante,
su soplido voraz encendido y helado
su paso de araña por mi oreja crédula,
su seducción feroz de sierpe engañosa
es de puro hermoso que me suena, inaferrable.
Y se me da el milagro:
Comienza de nuevo a visitarme, multiplicada,
con mil vestidos diferentes enjoyada y distinta
uñas de nácar
labios de hielo
Desnuda todo ante mí: sus pechos porcelánicos
y sus pústulas sin remedio
alarga manos de luz y algas y serpientes acuosas y me toca
me anuncia su presencia
y se evade de mí y me deja.
Palabra lunar, nocturna, me persigue en mis andanzas
a través del triperío de mi barrio de la penitencia y huye
sabiendo como sabe que su esencia es mi esencia
que sin ella se pierden las piedras encontradas
y no hay cirios ni libros, ni torturas ni muerte
que pueda yo poblar de imágenes abyectas o líricas
en la pelea diaria del negro sobre el blanco
en el deseo enfermizo de decir cómo es la sangre
cuando brilla chorreando su rojo modo de llorar
desde camiones visitados por chicos de navaja
en las noches infames de mi vergüenza.
Tal vez sea por eso.
Tal vez por eso no quiere aparecer de día su fuego frío.
Viene sólo de noche, siempre de noche.
Comienzan a llegar cardúmenes de ideas
detonadas bajo dura presión
aún descontrolado el disparo de mi mente.
Llegan pistas en sepia, como daguerrotipos antiguos.
La inteligencia desactivada al borde de la quiebra,
comienza a enviar señales
sistema de señales luminosas aún en crisis energética
aún software atacado de virus
como la luz de una vela débilmente defendida
estremeciéndose al soplo de una idea
Quiere resucitar quiere volver
esa inteligencia desactivada al borde de la quiebra,
y con timidez asoma
vigía sin escoltas, desconfiada acústica
una voz semielaborada
corriente subterránea, pendular,
sonido under ground que busca la luz
y encuentra el blanco en mi conciencia sorda hasta ahora:
¡Puedo escuchar! Oigo abierta otra vez.
Mi mente genera apresurados anticuerpos para defender
esos sueños letárgicos, paramnesia,
recuerdos inventados que sirvan al efecto.
Pienso y encuentro por fin una Palabra.
y si no la encuentro la creo... y ya no la olvido.
La campana que vivía sin sonido
reproduce y recuerda la música escuchada
Asíntota en el cosmos
creí que nunca volvería a encontrar La Palabra Perdida.
No obstante:
Por qué, me pregunto, llega sigilosa, apenas insinuada,
tan oscura, nocturna, lunar.
Por qué me niega su fluir antiguo, su voz en mi mano,
porqué bajo sugestión de no presencia está pero se esconde...
Ayer cerró con candado la prisión de la célula madre
y tiró la llave al precipicio, esta loca Palabra Lunar.
Es que ella sí sabe aquello que no le he manifestado:
Había yo aprendido a desconfiarle como a cuchillos desnudos
como a juegos ocultos,
de artificio, de manos, de villanos.
Cuando por fin desde un tiempo profano vuelvo a creer en Ella
descubro que su escencia volátil y mutante,
su soplido voraz encendido y helado
su paso de araña por mi oreja crédula,
su seducción feroz de sierpe engañosa
es de puro hermoso que me suena, inaferrable.
Y se me da el milagro:
Comienza de nuevo a visitarme, multiplicada,
con mil vestidos diferentes enjoyada y distinta
uñas de nácar
labios de hielo
Desnuda todo ante mí: sus pechos porcelánicos
y sus pústulas sin remedio
alarga manos de luz y algas y serpientes acuosas y me toca
me anuncia su presencia
y se evade de mí y me deja.
Palabra lunar, nocturna, me persigue en mis andanzas
a través del triperío de mi barrio de la penitencia y huye
sabiendo como sabe que su esencia es mi esencia
que sin ella se pierden las piedras encontradas
y no hay cirios ni libros, ni torturas ni muerte
que pueda yo poblar de imágenes abyectas o líricas
en la pelea diaria del negro sobre el blanco
en el deseo enfermizo de decir cómo es la sangre
cuando brilla chorreando su rojo modo de llorar
desde camiones visitados por chicos de navaja
en las noches infames de mi vergüenza.
Tal vez sea por eso.
Tal vez por eso no quiere aparecer de día su fuego frío.
Viene sólo de noche, siempre de noche.
lunes, 12 de octubre de 2009
SONORAS, LEVES MUTANTES NOCTURNAS
SONORAS, LEVES MUTANTES NOCTURNAS
Siempre llegan cuando estoy durmiendo
Torpes mutantes que trepan por mi cama,
Invisibles, sonoras, como un soplido un tanto ausente,
Murmuradas y fugitivas.
Son palabras perdidas, soñadas, olvidadas.
Se acercan con su séquito de imágenes ingrávidas
Sugerentes, equívocas, polivalentes.
Nunca sé qué buscan en mí. Por qué a mí
Si apenas salgo del silencio de la máquina de vivir
Para entrar en el solitario hueco de la noche
Sin otra fortuna que algún sueño absurdo
Sin otra estrella que algún intento más,
Tan absurdo como el sueño.
Pero ahí están, cabalgando en el aire,
Alrededor de mis orejas que no quieren perder su rumor
Y se agrandan como cálices
Hasta sentir su aliento con el que velan
Miradas circunflejas de personajes soñados,
Para por fin dejar oír su canto de sirenas
Que inolvidable para el alma,
Se borra para la pluma apenas despierto.
Siempre llegan cuando estoy durmiendo
Torpes mutantes que trepan por mi cama,
Invisibles, sonoras, como un soplido un tanto ausente,
Murmuradas y fugitivas.
Son palabras perdidas, soñadas, olvidadas.
Se acercan con su séquito de imágenes ingrávidas
Sugerentes, equívocas, polivalentes.
Nunca sé qué buscan en mí. Por qué a mí
Si apenas salgo del silencio de la máquina de vivir
Para entrar en el solitario hueco de la noche
Sin otra fortuna que algún sueño absurdo
Sin otra estrella que algún intento más,
Tan absurdo como el sueño.
Pero ahí están, cabalgando en el aire,
Alrededor de mis orejas que no quieren perder su rumor
Y se agrandan como cálices
Hasta sentir su aliento con el que velan
Miradas circunflejas de personajes soñados,
Para por fin dejar oír su canto de sirenas
Que inolvidable para el alma,
Se borra para la pluma apenas despierto.
jueves, 8 de octubre de 2009
OTROS CANTOS, LA MISMA ROSA
OTROS CANTOS, LA MISMA ROSA
No sé si un día
pero aún se me borran cuando despierto
de la vida en el plano de Yetzer esas torpes palabras
venidas de la luna, Yesod, ese acuoso lugar violeta
donde uno en sueños
quiere volar y vuela, quiere cantar y canta.
No sé si un día
pues ahí siguen los muertos que respiran
alineados bajo su frazada de cartón mojado.
Ahí sigue la mochila sin colegio
trapos sin almohada
y es que bajo un manto de estrellas
duermen los castrados qlipoths
respirando iniciáticos la muerte.
No sé si un día
ya que el destierro de mi verbo vacío
parte de un Oriente de autopenitencia
acaso por inocente traición al texto madre.
Culpable inocente amo también la Rosa Nombrada.
Se la pagó con sangre.
Ponerle plomo a su fragilidad de seda
algo de plomo para que no levante vuelo,
como se hace con los vestidos tenues de verano.
Tal vez entonces, tal vez... entonces...
la máquina de vivir y el
solitario hueco de la noche
dejen de ser Etéocles y Polinice.
Los alineados muertos que respiran bajo la lluvia
tal vez entonces, tal vez... entonces...
sean resucitados retroalimentados abrigados
y esas palabras que trepan torpes por mi cama
y cabalgan alredor de mis orejas cuando duermo
dejen de borrarse para la pluma
cuando despierto.
No sé si un día
pero aún se me borran cuando despierto
de la vida en el plano de Yetzer esas torpes palabras
venidas de la luna, Yesod, ese acuoso lugar violeta
donde uno en sueños
quiere volar y vuela, quiere cantar y canta.
No sé si un día
pues ahí siguen los muertos que respiran
alineados bajo su frazada de cartón mojado.
Ahí sigue la mochila sin colegio
trapos sin almohada
y es que bajo un manto de estrellas
duermen los castrados qlipoths
respirando iniciáticos la muerte.
No sé si un día
ya que el destierro de mi verbo vacío
parte de un Oriente de autopenitencia
acaso por inocente traición al texto madre.
Culpable inocente amo también la Rosa Nombrada.
Se la pagó con sangre.
Ponerle plomo a su fragilidad de seda
algo de plomo para que no levante vuelo,
como se hace con los vestidos tenues de verano.
Tal vez entonces, tal vez... entonces...
la máquina de vivir y el
solitario hueco de la noche
dejen de ser Etéocles y Polinice.
Los alineados muertos que respiran bajo la lluvia
tal vez entonces, tal vez... entonces...
sean resucitados retroalimentados abrigados
y esas palabras que trepan torpes por mi cama
y cabalgan alredor de mis orejas cuando duermo
dejen de borrarse para la pluma
cuando despierto.
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