OTROS CANTOS, LA MISMA ROSA
No sé si un día
pero aún se me borran cuando despierto
de la vida en el plano de Yetzer esas torpes palabras
venidas de la luna, Yesod, ese acuoso lugar violeta
donde uno en sueños
quiere volar y vuela, quiere cantar y canta.
No sé si un día
pues ahí siguen los muertos que respiran
alineados bajo su frazada de cartón mojado.
Ahí sigue la mochila sin colegio
trapos sin almohada
y es que bajo un manto de estrellas
duermen los castrados qlipoths
respirando iniciáticos la muerte.
No sé si un día
ya que el destierro de mi verbo vacío
parte de un Oriente de autopenitencia
acaso por inocente traición al texto madre.
Culpable inocente amo también la Rosa Nombrada.
Se la pagó con sangre.
Ponerle plomo a su fragilidad de seda
algo de plomo para que no levante vuelo,
como se hace con los vestidos tenues de verano.
Tal vez entonces, tal vez... entonces...
la máquina de vivir y el
solitario hueco de la noche
dejen de ser Etéocles y Polinice.
Los alineados muertos que respiran bajo la lluvia
tal vez entonces, tal vez... entonces...
sean resucitados retroalimentados abrigados
y esas palabras que trepan torpes por mi cama
y cabalgan alredor de mis orejas cuando duermo
dejen de borrarse para la pluma
cuando despierto.
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