martes, 17 de noviembre de 2009

AURA

A U R A

Mujeres de la semana llegan al lugar de penitencia
arrojando luces de todo tipo ligeras y frescas
con impecable cabello
largo y negro bien lavado, aromático,
que dejan caer hasta la cintura
sobre su espalda torneada.
Aún es de noche.
Ellas van apareciendo alegres como gorriones
cargan sin quejarse objetos pesados,
se doblan hasta el suelo se ensucian con sangre
se abren como tijeras, como compases.
lavan el piso grasiento
comen pan con salame.
Al transcurrir el día, su cabellera se cristaliza y enturbia.
Ellas se duermen y hasta sueñan en el viaje de regreso.
Avanzan por regiones inexploradas
olvidando el unto
que viola el encanto de su pelo con brillo de piano.
Su cabeza marchita decora el vidrio del 104
con una aureola esmerilada.
Luces nocturnas entran a los saltos por la ventanilla.
Turbadora oferta de hidromiel desde dentro,
la mancha de grasa
alrededor de sus cabezas abandonadas
fosforea y titila como el aura de los santos.

Cuando ellas despierten y se alejen
el aura permanecerá
como un sello doctrinal que se manifiesta
respondiendo a la conjura de las luces.

Sólo son ciertas mujeres semanales.

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