P É N D U L O
Quien entonces fuera yo, soñaba con arreglar el mundo.
No quieran decirme cómo era aquéllo.
Vengo de allá. Protagonicé y regreso.
Era la búsqueda inicial, esa mirada
de enfrentar de no retroceder,
entonces la muerte, un test, un cristal revelador,
la corteza de algo explorado por dentro,
un diagnóstico a priori del pánico y la parálisis
que habrían de ser entronizados luego
hasta que todo te separe y te fragmente.
Hoy azorados buscamos
en el vacío trasfondo.
Sol sin piedad. Sol del desierto.
Miramos sin vernos
dónde estamos están dónde,
aquéllos que fuéramos
piedras del templo.
El silencio se expande por todo el planeta levita
Mirar mirar. Quién te denuncia. Dónde.
Peligroso prólogo de manos sin hambre
se preparan en ceremonias que te desbordan
te prohiben y juzgan.
Nuestros pedazos esparcidos
adornan la plaza el atrio
el templo mismo, y el altar, y el ábside
y la campana y la piedra clave de la bóveda.
Somos fantasías oníricas dentro de un sepulcro
desdoblamiento y vuelo
palabra sin sonido
pensamiento profano
restos del naufragio
que siguen llegando a la orilla
aturdidos maderos a la deriva.
No quieran decirme cómo era aquéllo.
Tal vez escuche si responden claro cómo es que ahora
esta arcilla atomizada pretende ser nuevo cuenco
sin las aguas que amasen
sin los fuegos que cuezan
sin el sueño que vuele
esta arcilla seca, pregunto, este puñado de tierra
se supone que yerga
sin aquellas piedras pulidas a espejo
sin su cuerda, ni su diamante.
Y de ser un “somos”,
me veo y sólo “soy” en soledad
péndulo atado a uno de sus lados.
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