INVERSION DE SÍMBOLOS
Los chiquilines de cara arrugada y nocturna
siembran el terror con sus navajas.
Peligrosos, van llegando como las golondrinas.
Algunos pocos saben decir mamá.
casi ninguno dice papá.
Están decorados con cicatrices de guerra:
una quemadura,
un tajo,
ausencia prematura de algún diente.
En largas filas onduladas
los más pequeños
se acercan con bolsitas de plástico hasta las triperías.
Con suerte
llevarán a la mesa lo que caiga de los camiones.
Con suerte
nadie les quitará su botín o su navaja.
Desde lejos,
gordas y desdentadas mujeres los escoltan.
Los más grandes, consiguen drogas y pistolas.
También usan bolsitas de plástico.
Huelen pegamento en ellas
y son llevados al sueño.
Si logran despertar, tendrán siempre su “juguete rabioso”.
La vida no les importa.
Nadie los ha besado.
Nadie los acaricia jamás.
- Acaso ni lleguen a ser hombres de la semana algún día -
... dice mi vecina tomándose el mentón.
Le repito al oído:
Nadie los ha besado.
Nadie los acaricia jamás.
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